domingo, 31 de octubre de 2010

Como sabemos de la Cultura Paracas?

Me gustaría contestar esta importante pregunta leyendo partes de una carta que se explicara por si misma, la envía el Dr. Lothrop y esta fechada en New York, di­ciembre, 1947

“En 1924, cuando viajé de Nueva York a Tierra del fuego, nadie, excepto los cartógrafos; conocía el nombre de Paracas y solamente un pequeño grupo de arqueólogos conocía, igualmente, el nombre de Julio C. Tello. En julio de 1925, fui de Valparaíso al Callao para atender algunos negocios en Lima. Cuando terminé esa mi­sión, me encontré con la novedad de que no habría ningún barco hasta pa­sadas dos semanas. De esta circunstancia aproveché para presentarme ante el doctor Tello en el Museo de Arqueología de la universidad de San Marcos y le sugerí realizar un pequeño viaje al sitio que él escogiera con el di­nero sobrante de mis excavaciones en la Argentina.”

Continúa el Dr. Lothrop, detallando el itinerario de ese viaje en los siguientes términos:

Yo recuerdo que ese día, 26 de julio, el sol se filtró a través de las nubes por pocos minutos, justamente cuando nosotros llegamos al sitio, iluminando los fragmentos de tejidos de varios colores que habían sido largamente expuestos al aire y que se deshacían al tocarlos. Ni el doctor Tello ni yo nos dimos cuenta de lo que habíamos encontrado, ni podíamos prever que las excavaciones efectuadas en lo siguientes años formarían el núcleo del gran Museo que existe en Magdalena Vieja. En 1925, Paracas era un lugar difícil de alcan­zar, y los propios huaqueros no lo habían tocado aún. Nosotros no tenía­mos noción de esto. Mi principal interés, por el momento, estuvo en observar el espléndido colorido de los tejidos quebradizos, los cuales sólo se podían mirar, pero no transportar. EI doctor Tello daba voces de admiración por los cráneos deformados que encontraba desparramados en la su­perficie de las tumbas saqueadas por los huaqueros y profería exclamaciones de alegría por el hallazgo de cráneos con enormes trepanaciones. Estos cráneos plantearon un problema: el doctor Tello necesitaba llevar una co­lección a Lima; nuestro auto estaba excesivamente cargado con cuatro per­sonas, sus equipajes y los materiales arqueológicos recogidos en otros luga­res del viaje; el único sitio libre era afuera: en los estribos y encima de la capota; allí atamos los sacos con docenas de cráneos humanos, deformados y trepanados, que formaron la primera colección de Paracas.”

Luego de esta circunstancial travesía donde interviene un barco atrasado, economías sobrantes de excavaciones en Argentina, un taxi de antología e importante apoyo de los huaqueros, es el 19 de agosto de 1925 cuando Tello y colaboradores salieron rumbo a la península. Allí permanecieron hasta diciembre de 1926. Entre enero y septiembre del siguiente año, trabajaron en Río Grande de Nazca. El 25 de septiembre se reinstalaron en Paracas. Este es el momento culminante de la empresa: Mejía descubre el sitio llamado Necrópolis con 429 fardos funerarios de gran riqueza y con ello se inician los estudios sobre la Cultura Paracas.

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